Casi todas las agencias de diseño web trabajan del mismo modo: firmas un presupuesto, pagas el 50% por adelantado y, pase lo que pase después, ese dinero ya no vuelve. Es un sistema cómodo para la agencia y arriesgado para el cliente. Nosotros lo dimos la vuelta desde el primer día.
En Codiaj no cobras hasta que la web te encanta. Ni el día del arranque, ni al entregar la maqueta, ni al subir el dominio. Cobramos cuando tú, mirando el proyecto terminado, decides que sí, que es la web que querías tener. Si no te encanta, no pagas. Así de simple.
Mucha gente asume que esto es un truco comercial o un riesgo insostenible. Ni lo uno ni lo otro. Es la mejor disciplina que conocemos. Nos obliga a diseñar bien a la primera, a escuchar más, a iterar rápido y a no esconder decisiones detrás de facturas ya cobradas. Si nos equivocamos, lo asumimos nosotros.
También filtra a los clientes. Cuando no hay riesgo económico, la conversación deja de girar en torno al miedo al desperdicio y empieza a girar en torno a lo que de verdad importa: qué problema quieres resolver, a quién vendes, qué quieres que pase cuando alguien aterriza en tu web.
El segundo efecto es interno. Un equipo que cobra solo al final no se permite pasar de fase si algo no está afinado. No hay margen para el tibio. O encanta, o se rehace.
Para que esto funcione necesitamos tres cosas: entregar rápido (para no quemar meses sin cobrar), mantener el alcance claro (nada de listas de deseos infinitas) y confiar en que el cliente es un adulto que sabe reconocer un buen trabajo cuando lo ve. Hasta hoy, esas tres cosas han funcionado.
Si estás comparando agencias y alguien te exige un 50% por adelantado, pregúntale qué pasa si no te gusta el resultado. La respuesta que te den te dirá mucho más sobre la relación que vas a tener que cualquier portfolio bonito.
En Codiaj te proponemos lo contrario. Cuéntanos qué necesitas. Te enseñamos una maqueta en 72 horas. Si te encanta, seguimos. Si no, no ha pasado nada. Es tu negocio: tú decides.
